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Mi nombre es Verónica, soy Uruguaya, y lo que más me mueve, como a muchos, es rememorar los aromas y sabores de la infancia, de lo que comíamos en nuestra casa pero principalmente en la de nuestros abuelos.

No puedo dejar pasar, un Pan de Campo, hecho en el horno de barro, en Estación Pedrera, de donde eran mis abuelos paternos.

O ir de vacaciones a lo de mi abuela en Suárez, e ir a la panadería de ese entonces, y no saber qué elegir viendo tantas opciones entre ojitos, galletas con azúcar o cruasanes dulces.

Siempre sentí que tenía que aprovechar la destreza de las manos, en lo que fuera mi oficio y encontré mi lugar en el pan.

Entonces, a mis treinta y pico, luego de que mi hijo nació, comencé a trabajar en casa y a elaborar todo tipo de panificados.

Ya me había formado en Gato Dumas, en Cocina y Panadería y tenía una base sólida.
Después de unos años horneando, comencé a dar clases y me encantó.

Sentí que podía realizar mi sueño, de que no perdiéramos el amor por el pan, pasando las recetas y manteniendo vivo nuestro patrimonio de la Panadería Uruguaya.